Los maravillosos dos años

“Y llegan los maravillosos dos años… TERRIBLES dos años.”

Esta última es la afirmación de muchos papás que se enfrentan a los cambios de esta nueva etapa por la cual atraviesan sus hijos y que trae consigo la exploración del mundo en su máxima expresión, pues nuestros chicos ya caminan muy bien, su repertorio de lenguaje es cada vez más amplio, están más interesados en los juegos, la novedad y……momento, momento….. llegan también las pataletas, los berrinches, cambios de conducta, desafíos a la autoridad, el desespero con facilidad, son cada día más voluntariosos a la hora de comer y nos preguntamos: ahhhhhh, ¿será esto normal?

Muchos papás no entienden como el niño ha cambiado de esa forma y temen en ocasiones perder el control, y la respuesta a esa pregunta es si, es normal.

Con el fortalecimiento de las habilidades y, por consiguiente, la constante búsqueda de independencia, se empiezan a generar nuevos comportamientos que requieren por parte de nosotros, los adultos, cambios en la manera que veníamos manejando la situación.

Así que, ya entendiendo esto como algo normal de esta nueva etapa, aquí algunas estrategias para abordar los cambios de conducta de nuestros pequeños y no entrar en desesperación:

  Ser siempre constante y consecuentes en los acuerdos disciplinarios.

Tengan siempre presente que cuando el niño vive este tipo de situaciones le es imposible interiorizar las normas, de manera que necesitará siempre de un agente externo que le permita o corrija al actuar. Por lo tanto, se debe siempre cumplir lo que se promete.

  Explicar la razón de los límites que se le imponen cuando es posible hacerlo.

A los niños no se les debe responder con prisa o sin argumentos. Ante respuestas concretas de sus padres un niño siente que es tratado como una persona inteligente, capaz de comprender y que es importante para sus padres; ayudándole a tener un buen concepto de sí mismo. Esto contribuye a que entiendan las restricciones y se acomoden a ellas.

  Ayudar a descubrir la sensación de bienestar que produce hacer lo correcto por convicción propia y no por temor a un castigo.

Disciplinar a un hijo no es solamente imponer un reglamento, sino explicarle que él debe hacer lo correcto y las consecuencias positivas de hacer las cosas bien. Aquí es importante darle ejemplos concretos.

  Mas que reprender, hablar con firmeza y cariño a la vez.

Se debe ser firme, estableciendo el comportamiento que se espera, teniendo claro el no ceder ante las peticiones del niño que rompen el acuerdo que establecieron los padres con él, y crear siempre correctivos que enmienden la falla si el acuerdo no se cumple, pero siempre acudiendo al diálogo.

  No desautorizarnos en presencia de los hijos.

Es importante tener claro que, si uno de los padres no está de acuerdo con la forma de proceder del otro, es preferible abstenerse de intervenir en ese preciso momento delante del niño. Después sin la presencia de este y estando calmados se puede hablar acerca del asunto.

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Esta nueva etapa requiere de toda nuestra paciencia y mejor disposición. Debemos entender que un No ayuda a fortalecer su tolerancia a la frustración, que nuestro ejemplo es nuestro mejor argumento, y que disfrutar el tiempo de parque en familia siempre será nuestra mejor alternativa.

Permítele de tu mano conocer, explorar, corrige a tiempo cuando sea necesario y nunca permitas que pierda su capacidad de asombro ante cada nueva aventura.

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